martes, 13 de noviembre de 2012

Cuatro: Scherzo



De tin de do. Hacé una sonrisa, de esas que te quedan bien. Que nunca te vimos. No sabés la intriga que nos da. Un poco para arriba los labios, con fuerza, como si quisieras hacerlo. Ahí está ¿viste? No era tan difícil. Tu nombre. Te dije, “tu nombre” y debió sonar como una afirmación, pero es pregunta, sabés. Yo no soy mucho de andar afirmando cosas. Ante todo la humildad. Sí, en pregunta por el tono ¿sabés? Ahora sí, qué linda sonrisa, un poco falsa pero qué le vamos a hacer, todo no se puede pedir en la vida ¿no? Qué lindo perrito que tenemos, las manos en el piso. Dejá de reírte que vas a llorar de tanto forzar la jeta. Caminá unos pasitos que te queremos ver desfilar. Vos sabés que tenemos una duda, desde hace mucho ¿De dónde? Modulá, dale, que no te escucho. Ah, allá del otro lado. Pero eso es un poco vago. De entre las islas. Qué raro que no los conocemos. No te asustes, vení, no te vayas que somos buenos, si acá todos los queremos, ¿no es cierto? ¿Viste? Todos, pero tenés que colaborar, porque si no el río, y todas esas cosas que vienen con el río y que vos las conocés porque sos un hombre entendido. A la doña no le digo nada porque tiene la cara atorada. No se ría, compadre, de la desgracia ajena ¿Que no se está riendo? Pero si parece. Además las bolsitas como en una procesión. Medio raro, ¿no te parece? Creo que alguien saltó uno de los primeros días en que ustedes llegaron, un exabrupto, así como si nada ¡Qué lindos recuerdos! Mire que yo también le dejé una cartita. Me parece que escribí una palabra mal. Voludo, pero con v corta. No, no me refería a vos, porque puedo tutearte ¿no? Este vaivén de vos y usted me hace mal. Me refería al Negro choto que me cagó mil pesos y una motosierra. Ta-te-ti. Yo elijo por acá, por este lado, te toco esta partecita y vos avisás cuándo, claro-clarito. Suerte para tí. Los ojos abiertos, qué lindos ojos marrones tenés, como el río, bien de tierra amierdada por el estanque que es esta mugre ¿En qué habíamos quedado? Ah, sí, las bolsitas. Porque es raro, qué sé yo. Uno de por ahí, las malas lenguas dicen que están trayendo tierra. Para qué, pregunté yo ¿Para qué? Y eso es lo que por ahí vos me podés responder, porque la doña, vos viste, esa pose no la deja hablar. Qué risa. No es justo, nos obligaron a hacer un montón de conjeturas sobre sus vidas y algunos tenemos que trabajar, somos gente decente, tenemos nuestras obligaciones, la huertita ¿Ahí? Modulá, maestro, que no entiendo un carajo. Y al final me puse serio, no era la intención. En 1928 vinieron mis viejos al pueblo. No sabés lo que era esto. Un juntadero de mierda. Lo hicimos todo con nuestras manos. Como las tuyas, más al suelo, digamos, más abajo, tocando el centro del infierno. Como si te gustara, te dije, esa sonrisita de fotografía qué espléndida. Esa palabra la decía mi abuelo, que en paz descanse. Después me tocó a mí ocupar el lugar de cabeza de familia, porque si algo tenemos los tanos son huevos. Vos seguro sos gallego, se te nota por las cejas. Por eso no sabés de esas cosas. Pero para nosotros, lo importante son los hue-vos. Y las bolsitas aplastan los huevos, los llenan al tope y los vuelven a reventar, y eso no se puede ¿Por qué el arbolito? ¿cómo que no me importan las respuestas? Por ahí algo de razón tenés. Pero hay que jugar, porque si no se juega no hay reglas y si no hay reglas no hay normas y podría seguir así hasta hacer de esto que estamos haciendo un acto de humanidad. La piernita la pasás por arriba, como en ese jueguito yanqui, el del tornado. Así. Colorado. Gira el reloj. Azul mano izquierda. Pero ese montoncito de tierra tiene entonces las ganas locas de jugar y cuando en este pueblo jugamos nos vamos directo a los cuerpos, nos tocamos, pero nada de putos, todo bien macho, como los italianos que nos precedieron. Sangre azul. Sangre negra. Por eso la doña mejor que quede afuera, ahí está bien, mirá cómo se ríe. Todo tan divertido. Pero sin respuestas. En realidad, las respuestas anulan el juego. Entonces me tenés que responder con preguntas o con silencios. Mejor así. No, no cantés que se acaba rápido y tengo a todo un pueblo esperando para jugar. Decime que sí con la boquita de río. Decime, dale. Que te quiero sacar la primera palabra del juego. Más fuerte, que te dije que modules porque no soy adivino ¿Esa palabra va a ser la primera? ¡Qué decepción! Tan terrenal, tan corporal que das un poco de lástima. Y encima ahí vienen los otros.

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