De tin de do. Hacé una sonrisa, de esas que te quedan bien.
Que nunca te vimos. No sabés la intriga que nos da. Un poco para arriba los
labios, con fuerza, como si quisieras hacerlo. Ahí está ¿viste? No era tan difícil.
Tu nombre. Te dije, “tu nombre” y debió sonar como una afirmación, pero es
pregunta, sabés. Yo no soy mucho de andar afirmando cosas. Ante todo la
humildad. Sí, en pregunta por el tono ¿sabés? Ahora sí, qué linda sonrisa, un
poco falsa pero qué le vamos a hacer, todo no se puede pedir en la vida ¿no?
Qué lindo perrito que tenemos, las manos en el piso. Dejá de reírte que vas a
llorar de tanto forzar la jeta. Caminá unos pasitos que te queremos ver
desfilar. Vos sabés que tenemos una duda, desde hace mucho ¿De dónde? Modulá,
dale, que no te escucho. Ah, allá del otro lado. Pero eso es un poco vago. De
entre las islas. Qué raro que no los conocemos. No te asustes, vení, no te
vayas que somos buenos, si acá todos los queremos, ¿no es cierto? ¿Viste?
Todos, pero tenés que colaborar, porque si no el río, y todas esas cosas que
vienen con el río y que vos las conocés porque sos un hombre entendido. A la
doña no le digo nada porque tiene la cara atorada. No se ría, compadre, de la
desgracia ajena ¿Que no se está riendo? Pero si parece. Además las bolsitas
como en una procesión. Medio raro, ¿no te parece? Creo que alguien saltó uno de
los primeros días en que ustedes llegaron, un exabrupto, así como si nada ¡Qué
lindos recuerdos! Mire que yo también le dejé una cartita. Me parece que
escribí una palabra mal. Voludo, pero con v corta. No, no me refería a vos,
porque puedo tutearte ¿no? Este vaivén de vos y usted me hace mal. Me refería
al Negro choto que me cagó mil pesos y una motosierra. Ta-te-ti. Yo elijo por
acá, por este lado, te toco esta partecita y vos avisás cuándo, claro-clarito.
Suerte para tí. Los ojos abiertos, qué lindos ojos marrones tenés, como el río,
bien de tierra amierdada por el estanque que es esta mugre ¿En qué habíamos
quedado? Ah, sí, las bolsitas. Porque es raro, qué sé yo. Uno de por ahí, las malas
lenguas dicen que están trayendo tierra. Para qué, pregunté yo ¿Para qué? Y eso
es lo que por ahí vos me podés responder, porque la doña, vos viste, esa pose
no la deja hablar. Qué risa. No es justo, nos obligaron a hacer un montón de
conjeturas sobre sus vidas y algunos tenemos que trabajar, somos gente decente,
tenemos nuestras obligaciones, la huertita ¿Ahí? Modulá, maestro, que no
entiendo un carajo. Y al final me puse serio, no era la intención. En 1928
vinieron mis viejos al pueblo. No sabés lo que era esto. Un juntadero de
mierda. Lo hicimos todo con nuestras manos. Como las tuyas, más al suelo,
digamos, más abajo, tocando el centro del infierno. Como si te gustara, te
dije, esa sonrisita de fotografía qué espléndida. Esa palabra la decía mi
abuelo, que en paz descanse. Después me tocó a mí ocupar el lugar de cabeza de
familia, porque si algo tenemos los tanos son huevos. Vos seguro sos gallego, se
te nota por las cejas. Por eso no sabés de esas cosas. Pero para nosotros, lo
importante son los hue-vos. Y las bolsitas aplastan los huevos, los llenan al
tope y los vuelven a reventar, y eso no se puede ¿Por qué el arbolito? ¿cómo que
no me importan las respuestas? Por ahí algo de razón tenés. Pero hay que jugar,
porque si no se juega no hay reglas y si no hay reglas no hay normas y podría
seguir así hasta hacer de esto que estamos haciendo un acto de humanidad. La
piernita la pasás por arriba, como en ese jueguito yanqui, el del tornado. Así.
Colorado. Gira el reloj. Azul mano izquierda. Pero ese montoncito de tierra
tiene entonces las ganas locas de jugar y cuando en este pueblo jugamos nos
vamos directo a los cuerpos, nos tocamos, pero nada de putos, todo bien macho,
como los italianos que nos precedieron. Sangre azul. Sangre negra. Por eso la
doña mejor que quede afuera, ahí está bien, mirá cómo se ríe. Todo tan
divertido. Pero sin respuestas. En realidad, las respuestas anulan el juego.
Entonces me tenés que responder con preguntas o con silencios. Mejor así. No,
no cantés que se acaba rápido y tengo a todo un pueblo esperando para jugar.
Decime que sí con la boquita de río. Decime, dale. Que te quiero sacar la
primera palabra del juego. Más fuerte, que te dije que modules porque no soy
adivino ¿Esa palabra va a ser la primera? ¡Qué decepción! Tan terrenal, tan
corporal que das un poco de lástima. Y encima ahí vienen los otros.
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